Aquellos que vinieron a fines del siglo XIX sería una época d
gloria por los avances científicos que se proyectaban. Ahora ya estamos en el
siglo XXI y el balance es desalentador. Vemos corrupción política, anarquía,
violencia, amenaza de confrontación nuclear, infidelidad conyugal, perversión sexual,
libertinaje, ateísmo, practica d ocultismo, drogadicción, alcoholismo, rebeldía
juvenil y tanto más a nuestro alrededor. Esto conduce a la conclusión de que ni
el avance científico, ni la formación intelectual, ni las organizaciones
políticas o administrativas, ni la proliferación de tantas religiones han
logrado cambiar el corazón del hombre. Es por esto que el señor le dijo al
profeta Jeremías. “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo
conocerá?” (Jeremías 17:9).
El ser humano pretendió llenar el gran vacío que había en su
corazón con cosas que son externas, pensando que la felicidad depende del
dinero que se gana, de la persona con quien se casa, del lugar donde vive, de
la gente que le rodea, de la forma y el prestigio social que se obtiene, etc.,
sin embargo, cuando llega el día en que todo esto irremediablemente termina, su
situación interior es aún peor que la primera. Tal vez usted conozca alguna
persona adinerada pero muy desdichada que estaría dispuesta a dar todo lo que
tiene por disfrutar un poco de felicidad y paz. El señor Jesucristo dijo: “Más buscad primeramente el reino de Dios y
su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33)
Es necesario que el hombre entienda que dentro de su ser existe
una naturaleza espiritual que reclama ser vivificada, la cual se ha ido secando
por una larga sequía espiritual donde su al alma pide a gritos el agua de su
palabra, que es realmente lo único que los vivificara. Se empeñan en cerrar los
oídos y en callar la voz de la conciencia, cuando la solución es tan fácil,
pues lo único que deben hacer es un alto en el camino, volver sus ojos a Dios,
arrepentirse por haberse salido del propósito
y pedir que el agua de vida venga otra vez a sus corazones. El apóstol
Pablo dijo: “Y él os dio vida a vosotros,
cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales
anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al
príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia
entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de
nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos éramos
por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:1-3) .
ALGO EN QUÉ PENSAR
Después de mi conversión, no tenía una dirección clara de mi
formación espiritual; había conocido a Jesús sin la ayuda de ningún mentor,
aunque no tenía un lugar para mi tiempo de oración, todos los días salía a
caminar aprovechaba cada oportunidad para hablar con el señor como por unas dos
horas. En una de esas noches, pensé junto a una pequeña iglesia donde escuché
música las personas cantar me detuve a
observar, pero la impresión que tuve no fue de mi agrado. Pensé que eran
fanáticos religiosos y me di a mí mismo: “Esto
no es para mí”. Decidí alejarme de aquel lugar, más cuando me fui a mover me
quede como paralizado, mi cuerpo no respondía a ningún movimiento. Fue entonces
que escuche una voz que me decía: “vas a
entrar ahí”, a la cual respondí: “eso
no me gusta”. Y de nuevo la voz insistió de manera que no tuve otra opción,
pero cuando estaba en aquel lugar, todo ese concepto negativo que había venido
a mi mente desapareció y sentí un ambiente de paz. Cuando empezó la
conferencia, quede maravillado del conocimiento que ellos tenían de la biblia,
y uno de los textos que compartieron aquel día fue: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu
Santo” (Hechos 1:8).
Desde ese momento se despertó en mí un gran deseo por
conocer al espíritu de Dios. Entendí que
conocer a Jesús es la experiencia de salvación, pero conocer al espíritu santo
es tener la fuerza que nos sostendrá mientras estemos en este mundo. Comprendí
él es el único que nos puede guiar, y que sin él sería prácticamente imposible
llegar al final de la carrera en nuestra vida cristiana.
ORACIÓN
Amado Dios, gracias por revelarme a Jesús como mi salvador.
Gracias por que cuando mi alma estaba seca, me fue revelada la fuente del agua
viva y fui vivificado por el poder del espíritu. Gracias por que rompiste mis
cadenas y me enseñaste que la vida abundante solo está a tu lado. Te amo, mi
señor. Amen.